31 de marzo de 2009

¿Dónde está tu paz?

El más grande anhelo de todo ser humano es hallar la paz interior. Esta querida amiga es difícil de encontrar, pues, a su alrededor existen tantos escombros que, a por lo regular, la hunden en lo más profundo del abismo emocional. Es como si ella –la paz interior- trata de salir a la superficie para tomar un soplo de aire fresco, pues, en dados momentos logramos sentirla, pero en poco tiempo desaparece.

Estar en paz es tener cuerpo, mente y alma en suma tranquilidad, libre de ataduras y prejuicios vanos; pero, ¿Cómo lograr esto estando vivos? Una persona sin vida fácilmente puede experimentar algo semejante porque su mente, cuerpo y alma se trasladan a un lugar distinto al nuestro. ¿Quiere decir que una persona no puede lograr la paz totalmente interior estando viva? Sólo las personas excepcionalmente sencillas podrían lograr tal paz. Sólo los sencillos pueden ver con facilidad que Dios pone a su alrededor las herramientas necesarias para ser feliz y estar en paz. Las demás personas, en ocasiones logran verlas, pero la rechazan, sólo por seguir en su mundo frío y materialista. Jesús nos dice que nosotros vivimos en el mundo, pero que no somos del mundo. Por tal razón debemos preocuparnos por alcanzar los bienes celestiales en vez de los terrenales. Si nos libramos de las vanas preocupaciones echando a un lado el interés paulatino hacia las cosas materiales, nuestra paz interior, como una flor ante el rocío de la mañana, florecerá.

Nuestra paz interior está relacionada con el amor de Dios. En este mundo podremos experimentar sólo una cierta parte de la paz que buscamos, pero es en el Reino de Dios donde lograremos estar en paz plena y por tiempos sin términos. No obstante, no debemos pretender esperar a morirnos para lograr dicha paz, mas bien es deber de cada quien, ayudar a construir el Reino de Dios en la Tierra.

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