Muchas son las personas que rehuyen recordar experiencias con tal de no sentir el dolor causado por los sentimientos pasados. Es evidente que cada día tenemos una gama de experiencias, a veces buenas, otras veces no tan buenas. Por tanto, éstas se convierten en nuestros recuerdos. De las experiencias dependerá lo bueno o malo de nuestros recuerdos. Ahora bien, por bueno o malo que sean nuestros recuerdos, no debemos caer en el error de querer borrarlos definitivamente, ya que esto sería como eliminar un capítulo de nuestras vidas, el cual puede ser una pieza clave en el rompecabezas que vivimos a diario. Los recuerdos nos dejan patente que estamos vivos y viviendo. Sin los recuerdos, anduviéramos sin órbita, cuan nave perdida en el espacio. Los recuerdos nos ayudan a ver lo que somos hoy: nuestros defectos y virtudes, debilidades y fortalezas, alegrías y penas, en fin, todo lo que nos constituye como personas. Los recuerdos nos empujan a quedarnos en el presente y dirigirnos hacia un futuro que no conocemos. El futuro se convierte en el presente, el presente en el pasado y el pasado en nuestros recuerdos. Existen recuerdos que son inevitablemente dolorosos. La muerte de un familiar cercano, por ejemplo, es la espada que atraviesa el corazón y nos hace llorar. Este tipo de recuerdo es uno de los que más más nos duelen y uno a los que más les rehuimos. Es inevitablemente encontrarse con este tipo de recuerdo, por lo que es mejor enfrentarlo, dejando que fluya en nuestra mente, aunque junto a él fluyan las lágrimas. Las lágrimas son la forma del corazón desahogar las penas causadas por los recuerdos, malos o buenos. Por lo regular los recuerdos malos son más abundantes que los malos, pero nos dejamos vencer fácilmente por los malos recuerdos. Por ejemplo, tienes un/a novio/a con el cual has vivido una experiencia de 1,2,3 años... Termina la relación y ya no deseas recordarlo porque los buenos recuerdos que antes te hacían feliz, hoy te hacen daño.
Usa tus recuerdos como una página que acabas de leer y a la cual debes de recurrir para entender la que estás leyendo ahora.
Vive cada día de una manera tal que cuando te veas en la obligación de recordarlo sea una experiencia maravillosa e inolvidable. No dejes que tus recuerdos te hagan daño. Sé feliz con tus recuerdos.
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