.Bienaventurados los que luchan por la paz porque ellos serán llamados hijos de Dios.
En un mundo donde la gente sufre de una sobre activación abismal; un mundo donde el caos y el ruido son los actores de renombres; un mundo donde la ambición y la avaricia son causas principales de los conflictos bélicos entre las naciones: bienaventurados los que luchan por la paz.
En un mundo donde las familias se desintegran y los matrimonios se destruyen; un mundo donde los jóvenes se corrompen por los vicios y la inculturación; un mundo donde el consumismo desenfrenado impera como ideal: bienaventurados los que luchan por la paz.
En un mundo donde la enemistad se abre paso entre la gente; un mundo donde la libertad se ha convertido en libertinaje; un mundo donde la política de muerte –aborto y eutanasia- es inyectada en nuestra cultura: bienaventurados los que luchan por la paz.
Tenemos motivos de sobra para anhelar la paz, no sólo para nuestra nación y el mundo entero, sino también para nuestras almas. “La paz esté con ustedes”, “mi paz les dejo, mi paz les doy” ¿A caso no fueron estas las palabras de Jesús? ¿Por qué quiso Jesús dejarnos la paz, dejarnos en paz?
El proyecto de Dios para nuestras vidas sólo lo podemos escuchar en silencio, en paz. Pero este no es un silencio estático, es más bien, un silencio progresivo. No es quedarnos quieto esperando escuchar la voz de Dios, es abrir el corazón y dejar que Él actúe en nosotros.
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