25 de febrero de 2008

El carnaval de Tamayo, ¿Utopía o realidad? Parte II

En el artículo anterior, yo había plasmado la situación en que vive el pueblo de Tamayo a nivel de cultura, principalmente en las fiestas que lo han caracterizado, a través del tiempo, como un pueblo que ha sabido llevar a cabo sus actividades culturales, como forma de manifestación tradicional. No obstante, estas tradiciones se han ido menguando por la falta de interés de quienes están en la obligación de mantener vivos todo lo que concierne a los valores culturales.

Como diría mi profesor de Filosofía de la naturaleza “no quiero persuadir la inteligencia de nadie”. Pero me veo en la obligación de recordarles lo que es cultura y para qué se usa la cultura.

Cultura: es el conjunto de formas de vida y expresiones de una sociedad determinada. Como tal incluye costumbres, prácticas, códigos, normas y reglas, maneras de ser, vestirse, religión, rituales, normas de comportamiento y sistemas de creencias. Desde otro punto de vista podríamos decir que la cultura es toda la información y habilidades que posee el ser humano dentro de un contexto social e histórico determinado.

Todos y cada uno de los pueblos que conforman nuestro país tienen una cultura que los hace diferentes de los demás, esto puede ser visto en su tipo de comida, forma de pensar, de hablar, dándole a cada individuo un estilo peculiar y diferente de vida, ya que cada cultura está regida por normas o leyes las cuales cada individuo adopta desde que nace.
Uno de los rasgos culturales que aun conserva Tamayo es su religiosidad popular. El tamayero es católico de por sí. La gran mayoría de los habitantes de Tamayo ha asistido a una “velada” (la de la Cuaba por ejemplo), a una “hora santa”, un “rezo”, un “velorio”, a la Misa de San Antonio (13 de junio). ¿Quién no fue, cuando niño, al parque con sus padres? Y ¿Quién nunca ha asistido a un desfile de carnaval el 27 de febrero? Todas estas cosas son parte de la cultura de Tamayo.

¿Para qué sirve la cultura?
Según la Organización de las Naciones unidas para la Educación, Ciencia y Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés), “la cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres especialmente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden”. La cultura nos sirve para reencontrarnos con nosotros mismos. Es lindo cuando salimos de Tamayo, sea cual sea la razón, y de nuevo regresamos pasado ya un tiempo, una gama de sentimientos nos embargan, y entre penas y alegrías añoramos regresar atrás para volver a vivir esos momentos. Esto es lo que hace la cultura.

Otro elemento cultural interesante, que no podemos dejar de mencionar, es la pasión por el juego volleiball; somos (creo que éramos) uno de los mejores pueblos en esa disciplina. Esta pasión ha ido en decaimiento, pues ya no se celebran torneos como se hacían anteriormente. Esto no nos importa, debido a que estamos viviendo en un mundo del “copy paste”, copiamos y nos pegamos de toda novedad, mientras más cercana a la desvergüenza, mejor. Hoy en día el joven tamayero sólo quiere irse a España, porque sólo así podrá tener dinero; podrá “bajar” de allá con cadenas, montado en cuatro gomas, aretes, tatuaje y mucho “flow” para poder “darse” a las mujeres. Todo esto ha generado un desinterés por parte del joven al estudio académico, a demás un desinterés a querer trabajar, pues cuando se siente sin dinero va a la compra-venta más cercana y “empeña” lo que sea porque alguien de España le envía el dinero para sacar el objeto.

Nuestra cultura juvenil se ha ido degradando poco a poco y las personas que sí pueden hacer algo se hacen la “vista ciega”. Esto es cosa de ponerse a analizar y presentarles a los jóvenes de Tamayo una propuesta diferente a una “disco Light” y carpas donde se venden bebidas alcohólicas. Para quienes vivimos fuera de Tamayo, tal vez esto no nos choque tanto, pero para aquellos niños y adolescentes que van “subiendo”, a la larga, les resultará frustrante, pues no tendrán algo autóctono con que identificarse. ¡Hagamos algo por ellos!

Neftalí Féliz Sena

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